
“¿Quién es sabio y entendido entre ustedes? Que lo demuestre con su buena conducta, mediante obras hechas con la humildad que le da su sabiduría.” (Santiago 3:13).
Cuando escuchamos la palabra “sabiduría”, muchos imaginamos a alguien mayor, con una barba larga, que habla sólo cuando es absolutamente necesario. Pero el apóstol Santiago desarticula esa idea de inmediato. Nos dice que la sabiduría no se demuestra por cuánto sabes; ni siquiera por cuántos años has vivido. Se revela en la manera en que vives. La sabiduría aparece en las decisiones cotidianas que tomas, en la forma en que tratas a quienes te rodean y en cómo respondes cuando la vida se pone difícil. Puedes ser increíblemente inteligente y aun así tener un estilo de vida de pura insensatez. Toma nota: el conocimiento y la sabiduría no son lo mismo.
Santiago nos dice que existen dos tipos de sabiduría. La sabiduría terrenal, primeramente, está impulsada por la ambición egoísta. Siempre está comparando, compitiendo y albergando, en silencio, resentimiento por el éxito de otros. La ambición en sí misma no es mala; es simplemente el impulso natural de crecer y avanzar. Pero cuando la ambición se vuelve centrada únicamente en beneficiarte a ti, deja de ser saludable. Así comenzará a producir desorden y quebranto en tu vida.
La otra sabiduría, la de Dios, es por el contrario pura, amante de la paz y considerada. No es ruidosa. No es controladora. Más bien, produce misericordia en lugar de dureza; humildad en vez de orgullo.
Con el tiempo, la sabiduría, sea cual sea, deja un rastro detrás de sí. Por eso es crucial detenernos y considerar qué tipo de cosecha están produciendo nuestras vidas. Por ejemplo, mira con honestidad su fruto en tu vida en los últimos años. Si ese fruto no ha sido saludable, es sabiduría terrenal y quizás ha llegado el momento de cambiarla por la sabiduría de Dios. Así un estilo de vida diferente rendirá un fruto diferente. Y si ese fruto es saludable, es una buena señal de que estás buscando las cosas correctas, las de arriba. Así que la pregunta hoy es sencilla: ¿qué tipo de sabiduría te está formando?

A estas alturas, el año ya está en marcha, y para muchos la energía de los nuevos comienzos se ha desvanecido. Sin embargo, estar preparado no se muestra cuando la motivación está alta. Se muestra, más bien, en los ritmos ordinarios de la vida. La dirección de tu futuro se está formando ahora mismo por los hábitos que practicas cada día. A menudo deseamos cambio sin disciplina, crecimiento sin obediencia y avance sin perseverancia. Pero, como me recordó una vez el Dr. George Sweeting: “La disciplina más la determinación —no el deseo— determinan el destino”. Las Escrituras confirman esta verdad en Gálatas 6:7: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará.”
Te invito a examinar lo que estás sembrando hoy… tu tiempo, tus pensamientos, tus prioridades y tu fe. Tus sentimientos pueden revelar la necesidad, pero tus hábitos determinan el resultado. ¿Te sientes seco? Regresa a la Palabra de Dios. ¿Te sientes estancado? Da un paso fiel hacia adelante. ¿Te sientes ansioso o abrumado? Practica la entrega diaria y enfócate en lo que realmente importa. No esperes para tomarte en serio tu caminar con Dios. ¡Ahora es el momento! El futuro que Dios está preparando para ti se forma las decisiones que tomas hoy.
Un estudio devocional de 30 días con Mark Jobe
Como seguidores de Cristo, nuestra fe es esencial para saber quiénes somos. En Pasos Audaces tenemos como objetivo principal ayudarte a avanzar firmemente en tu caminar con Dios, paso a paso.
Es por eso que, junto a todo el equipo de Hoy en la Palabra, hemos creado Pasos Audaces con Jesús, un estudio devocional de 30 días. Con este nuevo recurso podrás conocer las perspectivas que el Dr. Mark Jobe ha desarrollado en su larga trayectoria pastoral. Además de ser el actual presidente del Instituto Bíblico Moody, Mark es anfitrión del programa de radio Pasos Audaces. Esta reflexión devocional diaria te ayudará a mantener tu mente centrada en la Palabra de Dios y tus ojos enfocados en Cristo. Confiamos que tu corazón se renueve y tu fe se fortalezca, a medida que caminamos juntos en este desafiante viaje de 30 días.