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El juicio de Dios

2 de noviembre del 2021 | Miqueas 1:3–9

Si te gusta ver tribunales dramáticos televisivos o leer la última novela de John Grisham, sabes que (al menos en las historias de ficción) las cosas suelen salir bien y gana la justicia. En la vida real, lamentablemente, no siempre es así. La era de los derechos civiles, por ejemplo, estuvo llena de injusticias en todas partes, especialmente en los tribunales.

El primer capítulo de Miqueas presenta una especie de drama judicial, en el que Dios actúa como el abogado del demandante, el juez, el jurado y los testigos. El testimonio es aterrador: Dios mismo desciende de los cielos: “A su paso se derriten las montañas como la cera junto al fuego; se parten en dos los valles como partidos por el agua de un torrente.” (v. 4).

Los cargos eran graves: el pueblo de Dios había roto el pacto que Él hizo con ellos, adorando a otros dioses. El juicio de Dios siempre es justo, de eso podemos estar seguros (Salmos 7:11). Sin embargo, este juicio fue severo. Dios destruiría Samaria (la ciudad capital de Israel), junto con sus ídolos. La respuesta del profeta fue desgarradora: “lloraré y gritaré de dolor” y “andaré descalzo y desnudo” (Miqueas 1:8).

Hay tres factores en este breve pasaje: las ciudades de Samaria y Jerusalén que están siendo juzgadas por idolatría; Dios, que supervisa y participa en todo el proceso judicial; y el profeta Miqueas, que está en la galería lamentando el juicio que Dios derrama.

Al leer Miqueas 1:2–9, es útil situarnos en este drama de la sala de audiencias. Por supuesto, no podemos asumir el papel de Dios en esta historia, ni en ninguna otra historia. La pregunta que tenemos ante nosotros, entonces, es si desempeñamos el papel del profeta Miqueas o las ciudades de Jerusalén y Samaria. El ejemplo de Miqueas nos desafía a volver nuestro corazón hacia el Dios verdadero y adorarlo solo a Él.

  • Los valores bíblicos, no nuestras opiniones culturales o personales, deben moldear nuestro sentido de justicia. Debemos amar lo que Dios ama y odiar lo que Él odia.

 

Russell Meek

 

 

 

POR RUSSELL MEEK

 
      Russell Meek enseña Antiguo Testamento y Hermenéutica en Moody Theological Seminary. Es columnista de la revista Fathom y escribe prolíficamente, tanto para lectores laicos como académicos, sobre temas de la vida cristiana basados en el Antiguo Testamento. El, su esposa y sus tres hijos viven en el norte del estado norteamericano de Idaho, donde disfruta de la jardinería, la cocina y la naturaleza.   


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