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Betsabé: Pecado y consecuencias

24 de marzo del 2022 | 2 Samuel 12:1–24

¿Cómo corrige una persona a un rey? Tal vez, la mejor manera sea lograr que se condene a sí mismo. En 2 Samuel 12:1, el profeta Natán aparece ante David con una pequeña introducción. El Señor lo había enviado y le contó a David una historia sobre un hombre rico y un hombre pobre. La imagen del rico matando a la “ovejita” del pobre despertó empatía en el corazón del antiguo pastor. David estalló, “¡quien hizo esto merece la muerte!” (v. 5).

Al condenar al rico, David se condenó a sí mismo. Natán señaló: “¡Tú eres ese hombre!” (v. 7). David había pecado contra un hombre menos afortunado haciendo lo malo ante los ojos de Dios (v. 9). El Señor le había dado todo a David, pero en lugar de estar satisfecho, persiguió más, incluso cosas que no eran suyas.

Las consecuencias fueron graves para David, Betsabé y su hijo. La tragedia vendría de su propia casa. Sus esposas serían entregadas a otro hombre. Y su hijo moriría, lo que plantea preguntas al lector con respecto al Pacto Davídico (2 Samuel 7). ¿Cómo perduraría la dinastía de David?

La respuesta de David a la reprimenda del Señor es significativa. Expresa remordimiento inmediato y completo, en claro contraste con Saúl, quien había confesado (1 Samuel 15:24, 30), pero solo después de la tergiversar y argumentar. Natán tranquilizó a David: “El SEÑOR ha perdonado ya tu pecado” (v.13). La implicación es posicional. El pecado fue quitado, llevado lejos.

Pero a pesar de que el arrepentimiento de David fue genuino y el perdón de Dios completo, el primer hijo de David y Betsabé murió (v. 18). Esto fue una consecuencia del pecado, no un castigo por el. David consoló a “su esposa” Betsabé; en particular, ya no se le consideraba la esposa de Urías. Y pronto tienen otro hijo, Salomón, a quien el Señor ama.

  • Cuando pecamos y confesamos nuestro pecado, podemos experimentar el perdón y la restauración de Dios. Sin embargo, también debemos vivir con las consecuencias de ese pecado. La historia de David es un recordatorio de que nunca debemos tomar el pecado a la ligera.

 

Kelli Worrall

 

 

 

POR KELLI WORRALL

 
      Kelli Worrall es profesora de comunicación y catedrática en el departamento de Música, Artes y Medios del Instituto Bíblico Moody. Es autora de dos libros, uno junto a su esposo Peter. Es graduada de Cedarville University (BA), con estudios de postgrado enTrinity Evangelical Divinity School (MRE) y Roosevelt University (MFA). Ella y su esposo son conferencistas regulares en eventos y retiros. Viven en el noroeste de Illinois con sus dos hijos.  

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