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Absalón, o Absalón!

25 de agosto del 2022 | 2 Samuel 18:19–19:8

¿Alguna vez has tenido que ser el portador de malas noticias? Para la mayoría de los gerentes, la peor parte de su trabajo es tener que informar a la gente que los han despedido. O quizá te ha tocado dar la noticia de que un amigo querido ha perdido la batalla contra el cáncer o alguna otra enfermedad. Incluso si las noticias no nos afectan directamente, traer malas noticias es una experiencia dolorosa en sí misma.

La revuelta de Absalón había fracasado. El sacerdote Ajimaz quiso llevar esta noticia a David (v. 19). Joab entendió que la muerte de Absalón no sería una buena noticia para el rey. Entonces confió el mensaje a un extranjero (v. 21). Sin embargo, Ajimaz no se dejó intimidar. Corrió tras el cusita y fue el primero en llegar al rey. Ajimaz informó a David que se había ganado la guerra, pero no le dijo sobre el destino de Absalón (vv. 28–29). Entonces apareció el cusita y le contó a David el destino de Absalón (v. 33).

El dolor de David fue abrumador. David siempre había sido un hombre de palabras. Desde el pastorcillo que desafió a Goliat hasta el salmista que describió a Dios como su pastor. Ahora lo encontramos repitiendo el nombre de Absalón: “¡Ay, Absalón, hijo mío! ¡Hijo mío, Absalón, hijo mío!” (v. 33).

¿Por qué el autor bíblico describe el dolor de David con tanto detalle? El dolor de David es más que solo dolor por la pérdida de un hijo. Dentro de esta expresión de dolor hay una nota de arrepentimiento. David sabía que todo esto era el cumplimiento del juicio de Dios (2 Samuel 12:10). Si bien Dios perdonó su pecado, aún cosechó las consecuencias.

  • El dolor y el arrepentimiento de David nos recuerdan las dolorosas consecuencias del pecado. También nos señala al único que puede librarnos, el Señor Jesús (Mateo 1:21). Jesús también lloró por el peso del pecado (Mateo 26:38). Sin embargo, Su obediencia hasta la muerte significa vida y salvación para todos nosotros.

 

 

 

 

POR RYAN COOK

 
     
Ryan Cook es profesor asociado de Antiguo Testamento y Hebreo en Moody Theological Seminary. Ha trabajado en el campo de la educación cristiana y fue pastor en Michigan durante siete años. Ryan, su esposa Ashley y sus tres hijos residen en el noroeste de Indiana.
 

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