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Un tiempo para llorar

16 de agosto del 2022 | 2 Samuel 12:15–31

¿Alguna vez has orado desesperadamente por algo que te importaba profundamente y recibiste un rotundo “no” como respuesta? Si es así, estás en buena compañía. El apóstol Pablo oró para que me quitaran un “aguijón en la carne” (2 Corintios 12:7–11 RVC). Incluso Jesús oró: “No me hagas beber este trago amargo” (Marcos 14:36).

David entendió que habría consecuencias por su pecado. El profeta Natán le había dicho que su hijo moriría (2 Samuel 12:14). Pero David “rogó a Dios por el niño” (v. 16 LBLA). Ayunó y oró durante siete noches. La preocupación de David por su hijo contrasta marcadamente con su indiferencia ante la muerte de Urías (2 Samuel 11:25). Aunque David había cambiado, su petición no fue concedida. David escuchó a sus asistentes susurrar y descubrió la verdad de que su hijo había muerto. A los niños en el antiguo Israel se les nombraba el octavo día, lo cual probablemente explica por qué no se nombra al niño en este pasaje (Levítico 12:3). David se unió a las filas de los muchos padres que han sufrido el dolor indescriptible de perder a un hijo.

La respuesta de David sorprendió a todos. Él “fue a la casa del SEÑOR para adorar” y luego terminó su ayuno (v. 29). Su razón para esto fue que ahora tenía la respuesta a su oración. Sabía que no se reuniría con su hijo hasta su propia muerte (v. 23). A veces puede ser difícil entender por qué no se conceden nuestras peticiones. David aceptó la autoridad de Dios sobre la vida y la muerte.

Este pasaje termina con el nacimiento de otro hijo, Salomón. Un hijo no puede reemplazar a otro, pero el nacimiento de Salomón sirvió como un recordatorio del amor y la gracia de Dios (vv. 24–25). Demostró que todavía había esperanza para el futuro.

  • Dios es digno de nuestra adoración aun cuando Su respuesta a nuestras oraciones es no. Si bien es posible que no comprendamos por qué, podemos estar seguros de que Dios comprende nuestro dolor. En Cristo, Dios ha entrado en nuestro dolor y puede empatizar con nosotros (Hebreos 4:15).

 

 

 

 

POR RYAN COOK

 
     
Ryan Cook es profesor asociado de Antiguo Testamento y Hebreo en Moody Theological Seminary. Ha trabajado en el campo de la educación cristiana y fue pastor en Michigan durante siete años. Ryan, su esposa Ashley y sus tres hijos residen en el noroeste de Indiana.
 

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