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La oración ferviente del creyente

25 de abril de 2021 | Hechos 4:1–31

Poco después de la resurrección de Jesús, los discípulos fueron a los patios del Templo y sanaron a un hombre lisiado. Las autoridades se opusieron a las multitudes que pronto se reunieron y arrojaron a Pedro y a Juan a la cárcel. Al día siguiente, se les preguntó: “¿Con qué poder, o en nombre de quién, hicieron ustedes esto?” (v. 7).

Es importante recordar que, a los ojos de estos hombres, Pedro no era el apóstol renombrado que conocemos hoy. Él era simplemente Pedro, el pescador de Galilea. Con una valentía fortalecida por el espíritu, Pedro se puso de pie y proclamó que la salvación se encuentra sólo mediante la resurrección de Jesús (vv. 8–12). Sin saber cómo manejar la situación y el hecho innegable de que el lisiado había sido sanado, ordenaron a Pedro y Juan que no hablaran más de Jesús. Sin embargo, Pedro y Juan respondieron nuevamente con gran valentía que no podían dejar de hablar de Jesús y de lo que habían “visto y oído” (v. 20).

Después de ser soltados, Pedro y Juan regresaron con los otros discípulos y oraron pidiendo más valentía. Note que su oración no se centró en la seguridad de las amenazas del gobierno o de otros, sino más bien para que el Señor concediera a Sus siervos “el proclamar tu palabra sin temor alguno” (v. 29). El Señor respondió a su oración ya que todos fueron inmediatamente “llenos del Espíritu Santo y proclamaron la palabra de Dios sin temor alguno” (v. 31).

Los primeros creyentes salieron con gran valentía y proclamaron el sencillo mensaje de Jesús por todo el mundo conocido. Juan terminó siendo exiliado a una isla. Pedro fue asesinado en Roma. Muchos otros creyentes fueron asesinados a manos de los romanos, a menudo de formas crueles y humillantes. Pero incluso frente a una fuerte oposición, la iglesia había comenzado. Comenzó a crecer y a construir reuniones que proclamaban un mensaje audaz. En el centro de su mensaje no estaba una enseñanza, sino un evento, la resurrección de Jesús, y no podían dejar de hablar de ello.

  • Un mensaje audaz requiere mensajeros valientes. Oremos oraciones audaces como la iglesia primitiva, sin importar las circunstancias que enfrentemos.

 

 

POR EL DR. CHRIS RAPPAZINI

   

El Dr. Chris Rappazini es profesor asociado y director de los programas de licenciatura y postgrado en Estudios Pastorales del Instituto Bíblico Moody y del Seminario Teológico Moody. Es el vicepresidente de la Sociedad Evangélica de Homilética. Con anterioridad, fue ministro asociado para la predicación y enseñanza de Southside Christian Church en Spokane, Washington. Chris, su esposa Ashley y sus tres hijos residen en el noroeste de Indiana.


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